EL COCHE DE POLICÍA. Había una vez un coche que era policía. No era un coche de policía, sino un coche policía. El propio coche era el policía. El día que el agente Montero lo descubrió casi le da un patatús. La cosa ocurrió de esta manera. Un día estaba el agente Montero patrullando por las calles del barrio, como era habitual. De repente, alguien pasó corriendo delante de él y tuvo que dar un frenazo increíble. Pero, nada más frenar, el coche aceleró. Pero el agente Montero no había hecho nada. Sin embargo, como enseguida se dio cuenta de que había alguien huyendo con varios sacos en sus manos y gente gritando ¡al ladrón, al ladrón!, el agente Montero dejó de pensar en lo que había pasado y fue a por el fugitivo. Cuando el agente Montero dejó al ladrón en prisión fue al coche, a ver qué había pasado. Estaba sentado, con la puerta abierta cuando, de repente, esta se cerró de golpe y el motor se puso en marcha. -¡¿Qué diantres pasa aquí?! -exclamó el policía. ...