LA TROMPETA DE ISABEL
A Isabel le hacía mucha
ilusión tener una bocina como esas que usa la gente cuando va a los partidos de
fútbol. Pero como hacía mucho ruido, sus papás no se la querían comprar. Lo que
sí hicieron fue regalarle una trompeta de juguete, a ver si con eso se le
pasaba el capricho.
A Isabel le hizo mucha ilusión la trompeta. No hacía tanto ruido como la
bocina, pero había que reconocer que era bastante ruidosa. Tanta ilusión tenía
Isabel con su trompeta que se pasaba el día tocándola. Pero solo cuando sus
papás no estaban en casa, para que no la riñeran. Pasaban los días y a Isabel no se le quitaban las ganas de dar la matraca con
la trompeta. Hartos ya de tanta trompeta, los vecinos decidieron tomar cartas
en el asunto.
Lo primero que hicieron fue hablar con sus padres. Pero como ellos no estaban
en casa cuando la niña tocaba la trompeta no se creían lo que les contaban. Ya casi
ni se acordaban de la trompeta.
-Seguro que el ruido viene de otra parte -contestaban ellos.
Luego probaron a hablar con Isabel. Pero la niña no entendía que la trompeta se
oía en todo el edificio, incluso en toda la calle si tocaba con la ventana abierta.
Y como no entendía, ella seguía a lo suyo.
-Si esto no para por las buenas, parará por las malas -dijo uno de los vecinos
a todos los demás-. Tengo un plan.
A todos les pareció que el plan de su vecino era perfecto, así que se pusieron
de acuerdo para ponerlo en marcha al día siguiente, que era domingo.
Ese domingo a las ocho de la mañana, todos los vecinos salieron a sus ventanas
y balcones con una trompeta de plástico y empezaron a tocar con toda la fuerza
de la que eran capaces.
Enseguida, Isabel y sus padres
saltaron de la cama y se asomaron a ver qué pasaba.
-¿Qué pasa aquí? -preguntó el padre de Isabel.
-Lo mismo que pasará todos los días a la hora que acordemos si su hija no deja
de dar la matraca con la trompetita.
Ese día Isabel aprendió que, cuando tienes vecinos, tienes que tener cuidado
con el ruido que haces. Porque, aunque estés en tu casa, tienes que respetar la
paz de los que están en la suya.


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