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EL COCHE DE POLICÍA.

EL COCHE DE  POLICÍA. Había una vez un coche que era policía. No era un coche de policía, sino un coche policía. El propio coche era el policía. El día que el agente Montero lo descubrió casi le da un patatús. La cosa ocurrió de esta manera. Un día estaba el agente Montero patrullando por las calles del barrio, como era habitual. De repente, alguien pasó corriendo delante de él y tuvo que dar un frenazo increíble. Pero, nada más frenar, el coche aceleró. Pero el agente Montero no había hecho nada. Sin embargo, como enseguida se dio cuenta de que había alguien huyendo con varios sacos en sus manos y gente gritando ¡al ladrón, al ladrón!, el agente Montero dejó de pensar en lo que había pasado y fue a por el fugitivo. Cuando el agente Montero dejó al ladrón en prisión fue al coche, a ver qué había pasado. Estaba sentado, con la puerta abierta cuando, de repente, esta se cerró de golpe y el motor se puso en marcha. -¡¿Qué diantres pasa aquí?! -exclamó el policía. ...
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EL MISTERIO DE LAS CASTAÑAS

EL MISTERIO DE CASTAÑAS A Julio le encantaban las castañas . Eran sus frutos secos favoritos. Le gustaba comerlas crudas, asadas, cocidas, confitadas o en almíbar. De todas las formas posibles. De hecho, si le dejasen, las comería a todas horas. Cada año, Julio esperaba impaciente la época de las castañas.  Desde octubre y hasta mediados de diciembre, muchos fines de semana iba con sus primos al bosque a coger bolsas y bolsas que después repartía entre los vecinos. Muchas veces en su casa las usaban para preparar mermelada o crema para rellenar las tartas .  A veces montaba un pequeño puesto en la entrada de su casa y vendía cucuruchos de castañas asadas a las personas que pasaban por la calle. Como las vendía muy baratas casi todo el mundo le compraba y enseguida tenía que ir a casa a asar más. Le encantaba pasar las tardes así, disfrutando del olor de las castañas al salir del horno y charlando con la gente que se detenía en su pequeño puesto callejero....

LOS ZAPATEROS

LOS ZAPATEROS. En una pequeña casa a las afueras de la ciudad vivían dos hermanos zapateros . Todos los zapatos que hacían los compraban Don Ismael, un gran empresario que poseía una gran cadena de zapaterías por todo el país. Pero mientras que Don Ismael era cada vez más ricos, la pareja de zapateros era cada vez más pobre. Un día, los zapateros le pidieron a Don Ismael que le pagara más por sus zapatos. Pero Don Ismael se negó. -Si queréis ganar más dinero, trabajad más -les dijo.  Y eso hicieron. Pero de tanto trabajar, los zapateros cayeron enfermos. Durante varias semanas apenas pudieron trabajar. Cuando Don Ismael fue a verlos para recoger su pedido se enfadó muchísimo al ver que no había nada terminado. Hecho una furia salió a la calle y les gritó: -¡Voy a perder mucho dinero este mes por vuestra culpa! Sois unos vagos . ¡Me vais a arruinar ! Felipe, el hermano mayor, se levantó como pudo de la silla, fue hasta la puerta y le dijo: -Sabe que le digo, ...

EL REY QUE NO SABIA LEER.

EL REY QUE NO SABIA LEER. Había una vez un poderoso rey. Su reino era el más próspero de todos. Todo el mundo vivía feliz y en paz. Pero el rey ocultaba un gran secreto: no sabía leer. El rey se avergonzaba por ello, y no quería que nadie lo supiera. Si alguien lo descubría, su reinado correría peligro. Al menos eso es lo que él creía.  Un día llegó una carta al palacio. El rey, como siempre, hizo que su asistente la abriera y que, de paso, la leyera. El rey siempre se las ingeniaba para parecer ocupado cuando llegaba algo que había que leer. Pero el asistente apenas sabía leer. Nadie le había dicho que tenía que saber leer para ocupar ese puesto, y por eso no había dicho nada. Y, como le daba vergüenza reconocerlo, decidió inventarse lo que no entendía -Es una declaración de guerra, señor -dijo el asistente-. El rey vecino os invita a batiros en duelo con él. El que gane se quedará con todo. Os pide que vayáis mañana a la hora comer con vuestras mejores galas ....

LA TROMPETA DE ISABEL

LA TROMPETA DE ISABEL A Isabel le hacía mucha ilusión tener una bocina como esas que usa la gente cuando va a los partidos de fútbol. Pero como hacía mucho ruido, sus papás no se la querían comprar. Lo que sí hicieron fue regalarle una trompeta de juguete, a ver si con eso se le pasaba el capricho. A Isabel le hizo mucha ilusión la trompeta. No hacía tanto ruido como la bocina, pero había que reconocer que era bastante ruidosa. Tanta ilusión tenía Isabel con su trompeta que se pasaba el día tocándola. Pero solo cuando sus papás no estaban en casa, para que no la riñeran.  Pasaban los días y a Isabel no se le quitaban las ganas de dar la matraca con la trompeta. Hartos ya de tanta trompeta, los vecinos decidieron tomar cartas en el asunto .  Lo primero que hicieron fue hablar con sus padres. Pero como ellos no estaban en casa cuando la niña tocaba la trompeta no se creían lo que les contaban. Ya casi ni se acordaban de la trompeta. -Seguro que el ruido viene d...

EL MISTERIO DE LAS CHOCOLATINAS DESAPARECIDAS.

EL MISTERIO DE LAS CHOCOLATINAS DESAPARECIDAS. A Joel y a sus amigos les encantaba comer chocolate. Como sabían que comer mucho chocolate no era bueno, Joel y sus amigos llevaban una pequeña chocolatina al colegio para comer a la hora del recreo, junto con unas galletas o  una pieza de fruta.  Pero un día las chocolatinas empezaron a desaparecer. Nadie sabía quién se las llevaba.  -Mañana comprobaremos las mochilas antes de entrar en el colegio -dijo Joel-. Así nos aseguraremos de que tenemos todos las chocolatinas. Así lo hicieron durante días. Las chocolatinas estaban en las mochilas cuando llegaban al colegio. Pero cuando llegaba la hora del recreo, las chocolatinas habían desaparecido.  -Está bien, amigos -les dijo Joel-. Está claro que nos las roban dentro del colegio. Tendremos que comprobar las mochilas al entrar en clase. Y eso hicieron. Pero aunque las chocolatinas estaban en las mochilas cuando entraban en clase, a la hora del recreo ya habían ...

LOS DOS HALCONES DEL REY.

LOS DOS HALCONES DEL REY. Había una vez un rey que vivía en un lejano país. Era bien conocido en todo el reino que era un gran amante de los animales, así que en cierta ocasión, recibió por su cumpleaños un regalo que le hizo muy feliz. Se trataba de dos simpáticas crías de halcón. El rey se entusiasmó . Eran preciosas y parecían dos bolitas de algodón. – ¡Qué suaves son! – dijo a su familia mientras las acariciaba – ¡Voy a hacer de ellas unas expertas cazadoras! ¡Que venga ahora mismo el maestro de cetrería! En cuestión de minutos, un hombre bajito pero fuerte como un toro apareció en la sala. Era el maestro de cetrería más experimentado del reino. Su trabajo consistía en cuidar y amaestrar a los halcones del rey desde que nacían. El monarca confiaba plenamente en su trabajo, pues no había nadie que supiera más de aves que él en muchos kilómetros a la redonda. – Acaban de regalarme estos dos halcones. Sé que los cuidarás y entrenarás con mimo – dijo el rey esbozando u...