EL COCHE DE POLICÍA. Había una vez un coche que era policía. No era un coche de policía, sino un coche policía. El propio coche era el policía. El día que el agente Montero lo descubrió casi le da un patatús. La cosa ocurrió de esta manera. Un día estaba el agente Montero patrullando por las calles del barrio, como era habitual. De repente, alguien pasó corriendo delante de él y tuvo que dar un frenazo increíble. Pero, nada más frenar, el coche aceleró. Pero el agente Montero no había hecho nada. Sin embargo, como enseguida se dio cuenta de que había alguien huyendo con varios sacos en sus manos y gente gritando ¡al ladrón, al ladrón!, el agente Montero dejó de pensar en lo que había pasado y fue a por el fugitivo. Cuando el agente Montero dejó al ladrón en prisión fue al coche, a ver qué había pasado. Estaba sentado, con la puerta abierta cuando, de repente, esta se cerró de golpe y el motor se puso en marcha. -¡¿Qué diantres pasa aquí?! -exclamó el policía. ...
EL MISTERIO DE CASTAÑAS A Julio le encantaban las castañas . Eran sus frutos secos favoritos. Le gustaba comerlas crudas, asadas, cocidas, confitadas o en almíbar. De todas las formas posibles. De hecho, si le dejasen, las comería a todas horas. Cada año, Julio esperaba impaciente la época de las castañas. Desde octubre y hasta mediados de diciembre, muchos fines de semana iba con sus primos al bosque a coger bolsas y bolsas que después repartía entre los vecinos. Muchas veces en su casa las usaban para preparar mermelada o crema para rellenar las tartas . A veces montaba un pequeño puesto en la entrada de su casa y vendía cucuruchos de castañas asadas a las personas que pasaban por la calle. Como las vendía muy baratas casi todo el mundo le compraba y enseguida tenía que ir a casa a asar más. Le encantaba pasar las tardes así, disfrutando del olor de las castañas al salir del horno y charlando con la gente que se detenía en su pequeño puesto callejero....